DESPEDIDA NO DEFINITIVA

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A todos mis lectores y amigos les quiero dar las gracias por la fidelidad de estar a mi lado tanto tiempo. La vida tiene etapas y dejaré unos meses de subir entradas para dedicarme, entre otras cosas a cerrar algunas cuestiones médicas. También me falta poco para la jubilación definitiva y quizás entre una cosa y otra la próxima entrada sea una Tere Incisos un poco más desahogada y con tiempo disponible para seguir éste coloquio con el ciberespacio.

Un beso a  todos y que sigáis tan ilusionados con lo que lleváis y traéis en vuestros respectivos Blogs. 

Hasta pronto. Os recordaré como compañeros de un viaje que ha sido divertido, entretenido y muy educativo

Espero veros otra vez, más hermosos que nunca y con proyectos tan variados como hasta ahora.

Salou, Enero 2012

Tere

PARA ESTRENAR

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La palabra propuesta por Leodegundía: 

http://leodegundia.blogspot.com/

             “entrañable”

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huevo comienzo                                        

   Qué bonito! Listo para ser admirado. ¡Exigía ser utilizado!

Irene miró atentamente el resplandor blanco-azulado que desprendía la hoja de papel satinado. Una hoja cuadrada que estaba a medio extender encima de la mesa. Múltiples casillas cruzaban en horizontal y vertical el pliego aún medio envuelto incitando a sumergirse en ellas buscando un imposible: ¿Una aventura? ¿Un sueño absurdo? Tal vez una desilusión brusca y desoladora se asomara por el último cuadrado de la derecha rematado en rojo brillante. Domingo…

La joven se retiró bruscamente y se sentó en la silla más cercana. Poco a poco una sonrisa se extendió por sus labios. Tenía ante ella todo el tiempo del mundo, podía hacer planes, alcanzar metas, cumplir sus eternos retos pospuestos una y otra vez, ahora sin excusas, sin vacilaciones, debía seguir un camino y permitir que la llevara a su destino. Ante sí tenía una época nueva, algo entero para ella, para estrenar, para disfrutar buscando y poder encontrar la felicidad descubriendo.

Irene se levantó y suspiró profundamente, había tardado demasiado en comprender que hay que seguir constantemente el viaje programado, deteniéndose para repostar pero sin perder de vista la senda. Atrás quedaban los días tristes de anhelos rotos, de desesperaciones por no conseguir lo adecuado, de ver una realidad gris, triste y rasgada. Por fin solo percibía sentimientos nuevos y una fuerza que la impulsaba hacia lo imposible.

Era uno de enero, el Año Nuevo la contemplaba, el calendario, perezoso, se estiraba aún soñoliento: tenía tanto en su interior que solo poco a poco podría ir mostrándolo todo. Estaba sin detalles, con mucho espacio en blanco. Permitía a los humanos que se acercaran y que miraran dentro de ellos mismos para ver qué podía ofrecer cada mes, cada semana, el próximo domingo. Era un recién nacido entrañable que necesitaba un empujón para emprender un futuro aún por construir.

Los números de 2011

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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.200 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 20 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

FRIA NOCHE DE DICIEMBRE

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Al abrir la puerta del coche aquella fría noche de diciembre, salió a recibirme un intenso olor a flores rancias, a hierba cortada tiempo atrás. Me senté despacio mirando alrededor sin encontrar el origen, por lo que cerré de golpe y puse en marcha el motor. Empecé a rodar hacia mi casa, que estaba al final de la carretera. Abrí la ventanilla y entró, junto al aire de la noche, un penetrante olor de pétalos de rosa secos y una música lejana retumbó en mi cabeza haciéndome apretar el volante con fuerza. Las personas que caminaban con prisa sobre aceras pobladas de sombras no parecían sorprendidas. Doblé hacia la izquierda y después del semáforo entré en la autovía que me llevaba directamente a mi domicilio. Olores caducos poblaban la noche: olores a comida pasada, bebidas agrias, pasteles secos y fruta mohosa me acompañaron hasta que en la salida 9, frenando suavemente, entré en el paseo.

Ya estaba en el garaje. La puerta metálica, tan conocida, produjo al abrirse un agudo chirrido que me recorrió los nervios. Tuve que cerrar los ojos y tensar la mandíbula por lo que el estruendo producido al chocar la hoja metálica contra la pared me dejó paralizada momentáneamente, incapacitada para decidir qué hacer a continuación. Por fin pude poner primera y sorteando un charco de agua turbia, estancada, que reflejaba la luz mortecina de una farola que recordaba luminosa tiempo atrás, entré en ese sótano-catacumba que se aprovecha para dejar los coches guardados. A duras penas lo llevé hacia la plaza 12, la de siempre son esos desconchados que hacen imposible leer el número que la señala y la eterna gotera que cae imperturbable – plin, plin, plin – sobre el coche del vecino. Apagué el ensordecedor ruido del motor, cerré la puerta y fui hacia la pared de atrás para pulsar el interruptor que pone en marcha el ascensor. Cadenas poco engrasadas contestaron al reclamo; dando tumbos y chocando contra las paredes de un hueco que imaginé sucio, grasiento y poblado de restos de basura en su fondo, la jaula apareció finalmente y me transportó a una realidad dolorosa: el descansillo de mi piso a oscuras otra vez, o la misma. No duran o no se cambian, pero las bombillas del 2º permanecen con tenacidad en una negrura que me obligó a palpar la cerradura, tardando en acoplar la llave que se negaba a entrar en la abertura no visible.

Por fin estaba en el recibidor que había sido acogedor. En la atmósfera flotaba ese olor a cloaca previo a una fuerte lluvia que se incrustó en mi cerebro, enturbiándolo hasta el punto de entorpecer mis pies, que se arrastraron hacia una ventana que finalmente abrí permitiendo que los olores ajenos e inhumanos que poblaban mi presente desaparecieran. Olvidé por un momento que el frío era total y que el aire no solo traía ruidos lejanos, también dejaba un polvo espeso arrancado de jardines invernales que rodeaban el edificio. Cerré la ventana, bajé la persiana y encendí la calefacción.

Sola en medio del comedor permanecí un tiempo queriendo olvidar los últimos olores, los ruidos percibidos, el frio, el polvo y la oscuridad.

.Sedimentaba la evidencia de la situación: Nadie me haría la comida, encendería la radio, ni me daría un regalo, un beso, una sonrisa. Al quitarme el abrigo que aún llevaba puesto tuve que apoyarme por un momento en la pared, pues del fondo de mis entrañas surgía un vacío que estrangulaba mi garganta. Mi respiración se hizo jadeante y tuve, en una ráfaga, presentimiento de muerte, Sacudí con fuerza la cabeza en clara contradicción interna. No quería dejarme ganar por el desaliento, por una tristeza tan profunda que me anclaba a un mundo negro y desconocido. Desde el fondo de ese magma surgieron voces y empecé a darme órdenes como si dos personas se enfrentaran. Estaba viva y quería seguir en la lucha, solo era una etapa más, tenía que seguir adelante, mañana el amanecer traería un cristal rosa a través del cual la vida – mi vida – me parecería distinta. Mientras tanto debía encontrar una rutina conocida que me diera paz y un respiro. Lazos con los tiempos felices que había vivido y que ahora añoraba.

Entré en la cocina y al poner la cacerola al fuego las imágenes se agolparon de repente en el fondo de mi mente llenas de luz. Pelé patatas y rebocé la carne, con las manos húmedas de huevo y pan rallado oía el chisporroteo tranquilizador del aceite en la sartén cuando se transformó en música y el olor caliente me llevó a escenas familiares. Nítidamente sonaban las carcajadas infantiles, los gruñidos del abuelo y los cantos imposibles de aquella tía que nos visitaba siempre en estas fechas. Hasta el ladrido de Goggy, el dóberman que acompañó mi juventud, sonó a campanillas azules en mi interior y por primera vez en horas, una sonrisa asomó a mis labios. El cariño de todos ellos me envolvió y dentro de aquella manta cálida cené esa Nochebuena. La primera que lo hacía sola.

FIESTAS

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– (Qué bonito es ver la ilusión en la cara de los pequeños!

– (Si es que los pequeños conservan la ilusión)

– La importancia de reunirse en familia

– (Aquellos que la tengan)

– Nada integra más a los amigos que una buena comida

– (Los que puedan pagarla)

– Estrenar ropa nueva

– (Después de remiendos y plancha)

– Desconectar del trabajo estresante y prisas incontroladas

– ( Los cuatro que aún conservan una faena)

– El espíritu de Navidad, de Paz y de Prosperidad

– (Recordad poner traductor adjunto)

– Sentir Amor, Fraternidad y mucha Felicidad

– (No solo significados gramaticales)

Éste año soy realista. No puedo evocar tradiciones y deseos eternos en una sociedad casi rota en la que muchos, demasiados, individuos pasarán unos días en blanco y negro y los copos de nieve en vez de ser motivo de decoración, los sentirán cayendo dentro de su alma vacía.

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CAMBIEMOS ALGO PARA QUE VOLVAMOS A TENER LA NAVIDAD DE SIEMPRE

HISTORIAS, LEYENDAS, SUEÑOS Y COSTUMBRES

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Mi amiga bloguera, “Senior Citicen” me ha dejado su palabra :

“CHACARERA”

Y aquí está mi relato:

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Salió casi corriendo de la agencia de viajes. El mejor dinero gastado, pensó Juani ¡Por fin! la ilusión de su vida : conocer el norte argentino, tierra de misterios, de leyendas, de naturaleza abrumadora, con gente diferente, razas mezcladas de las que su abuelo Norberto le había hablado horas, contando su vida en el límite de una vegetación extrema que daba cobijo a animales extraños, historias antiguas, leyendas indígenas…

clip_image002Mientras dirigía sus pasos al trote corto por la avenida en busca de su coche aparcado en el subsuelo de los grandes almacenes, el cerebro de Juani vibraba, volaba su alma hacia las lejanas tardes de invierno cuando al regresar del colegio se sentaba a la mesa de la cálida cocina donde su abuelo le preparaba el eterno vaso de leche, acercaba el plato con unas galletas y empezaba la fiesta:

Entre sorbo y sorbo de leche, después de cada succión del mate que Norberto mantenía en su mano derecha mientras fruncía el entrecejo canoso y arrugado, una sonrisa serena, poco a poco, daba paso a la charla de la tarde.

Juani, absorta en las palabras de su abuelo, comía sus galletas mojadas en leche y su imaginación veía claramente los paisajes descritos, los animales corriendo por el bosque: que si un chancho quilimero o un tatú carreta que se cruza con un imponente tapir mientras sobrevuela el gavilán de patas largas sobre aquel loro hablador… Impresionante el enorme quebracho colorado de veinticinco metros, precioso árbol el jacarandá que adornaba la entrada de las casas.

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Pero lo que realmente le gustaba a la niña era que le contara cosas de la gente, de aquella gente que conoció tan bien su abuelo cuando estaba a cargo de la chacra dentro de la inmensa estancia, y de las fiestas en las que venían gentes de lejanos pueblos y bailaban, y tocaban el “bombo leguero” Lo mejor era oír leyendas como la de la chacarera, aquel baile que justito justito provenía de la palabra “chacra” (chakra: maizal en quichua, siempre recordaba las raras palabras de las tardes de invierno). Si, aquella tarde fue la mejor y Juani no la olvidaría nunca. Empezó el anciano a rememorar su campo y su casa, la estancia de Santiago del Estero y su trabajo entre cultivos siempre pendiente de los ganaderos colindantes pues, al traspasar el río con su ganado, algunas reses se podían escapar. Y los hombres que le ayudaban. Aquellos medio indios, o indios enteros que no se atrevían a hablar su lengua, porque entonces, años 50, el quichua estaba en vías de extinción, razonaba el anciano, y las gentes ocultaban su habla ancestral a consecuencia de la nefasta prohibición gubernamental: El puntero de madera de los maestros de escuela bajaba autoritario sobre el niño-quichua obligándolo a hablar castellano y el sermón que seguía al golpe le obligaba a sepultar el idioma familiar con sensación de vergüenza. Les quedaba el baile y el bombo. El bosque y sus árboles.

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Allí, en el pueblo más cercano a la estancia, se reunían chacareros, gauchos y sus mujeres “las chinas” las llamaban y bailaban la “Chacarera”. Aquí calló Norberto y quedó pensativo.

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– ¿Sabes Juani? Se dice que ese baile nació allí, en Santiago del Estero, en Vila Salavina exactamente y hay chacareras con letra en quíchua, debe ser cierto entonces ¿no crees? Por otra parte una noche de fiesta un cura viejo de la parroquia me dijo que ese baile tiene influencia afro-argentina, sobre todo en el toque del bombo. Me aseguró que en la época que se empezó a oír la chacarera, a finales del siglo XIX, (ya sabes mil ochocientos), el 70% de la población eran afro-argentinos, descendientes de subsaharianos, más abajo del desierto, para que me entiendas, o sea del África-negra. Me aseguró el cura aquel, que hay otras danzas en Cuba por ejemplo, que tienen las mismas raíces. Lo llevaron los esclavos procedentes del mismo país de África a diversos puntos de América. No sé yo, no puedo asegurarlo, pero se contaba en la noche, mientras en las hogueras se quemaban los troncos sangrantes del quebracho colorado, historias curiosas, leyendas, costumbres de los primeros que tocaban el bombo y poco a poco cantaron estrofas y bailaban  girando las chinas sus trajes de volantes. Si, aquella gente, tenía costumbres diferentes y se fueron mezclando, unas se perdieron, otras nacieron, y muchos olvidaron por qué cantaban lo que cantaban, por qué tocaban el bombo… y por qué bailaban así…

Fueron aquellas tardes las que marcaron a Juani, allí decidió estudiar historia, viajar a Argentina, comprobar lo que decía su abuelo, que murió un amanecer templado sin contarle detalles de su venida a España, buscando su familia lejana, cómo se quedó aquí y por qué le contaba tantas historias…

Entró en su coche, cerró con fuerza la puerta y emprendió marcha a otra nueva vida, mañana el avión, luego, lo que fuera encontrando tal vez le aclarara todo lo oído y estudiado sobre Santiago del Estero, costumbres y bailes.clip_image014

Al entrar a su casa, buscó ilusionada la cuartilla escrita por Norberto que había guardado con ilusión tantos años. Quería llevarla de regreso a su lugar de origen, la chacarera en quíchua que fue el gérmen de su vocación:

QUICHUA RIMAKUNA

Llaqta quichua rimaqkuna

chunka taaniyoqmi kanku

atuchaqniysh kikisitun

idyoma quichuap rimanku.

Yuyakuyta qallarini

kunan na sapa sapata,

Atamishqui, Salavina,

Robles Avellanedata.

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DESMITIFICANDO

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A pocos kilómetros de mi casa en Salou, está la comarca del Priorato, famosa por su buen vino criado en un bello paisaje: valle encerrado entre montañas de piedra (pizarras paleozoicas) que forman las típicas laderas, origen del famoso vino y que se extienden por kilómetros interminables.

El macizo del Montsant es el símbolo del Priorat y Parque Natural desde 2.002. Los pueblos de Siurana, Cornuella de Montsat y Morera de Montsant, llevan hacia las ruinas en restauración de la Cartuja de Santa María de Escaladei. La primera en construirse en la Península Ibérica (1.194).

Para allá que nos fuimos unos amigos y yo el pasado domingo de excursión.

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El término priorato puede referirse a:

  • Oficio, dignidad o empleo de prior o de priora
  • Distrito o territorio sobre el que tiene jurisdicción el prior, basado en un monasterio llamado priorato.
  • Priorato, como circunscripción administrativa, particularmente en la organización de las órdenes religiosas hospitalarias.
  • La comarca catalana del Priorato o Priorat.
  • El vino con denominación de origen Priorat

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La visita de esos pueblos encantadores, con sus puentes románicos sobre ríos transparentes, callejuelas estrechas con recovecos atendidos amorosamente por sus vecinos y rincones ancestrales que aparecen de improviso, si no sorprenden porque te los esperas, causan una notable impresión en el alma, por su serenidad y continuidad a través de la historia, incólumes al paso del tiempo y a los estragos de la mano del hombre en guerras y olvidos.

Cerca de un mediodía soleado llegamos a las puertas de la Cartuja. Emociona contemplar el complejo en restauración con el fondo de un Montsant magnífico. Y allí que entramos y empieza la visita que nos deja asombrados.

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Una vez más me remito a mi cerebro medio americano a pesar de los muchos años pasados en éste mi país de origen, España, donde he visitado museos y monasterios, iglesias, capillas, castillos y palacios y que tenía, hasta el fin de semana pasado, la palabra “cartujo” como sinónimo de austeridad. La visita a la que me remito ha cambiado dicho significado en profundidad.

En la entrada al recinto y para mejor comprensión del visitante, se pueden observar detalladamente unas maquetas que presentan la Cartuja en sus momentos de uso y quizás esplendor. Al lado las actuales ruinas, para que el ojo del visitante traspase una sobre otra y así compruebe que la reconstrucción actual avanza para dejar, poco a poco, todo tal cual estaban los edificios muchos siglos atrás.

Reconozco mi asombro manifiesto al visualizar una zona que me recordaba a una urbanización moderna, con sus “pareaditos” con jardín que daban a zonas comunes como Capillas varias, Iglesia, huerta, Refectorio, un primer Claustro con doce celdas, el Gran Claustro del Patriarca con otras doce y hasta el Cementerio, donde descansan los restos de los monjes que habitaron todas esas instalaciones.

Empezamos el recorrido y tras comprobar los restos de lo que fueron oficinas y viviendas de los criados, pasamos por los restos importantes de la iglesia y Claustro,

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Llegamos a la parte más importante para los turistas que es la reconstrucción de un fragmento de la galería del Claustro y de una celda.

Y es ahí cuando la primera impresión de una urbanización de “pareaditos” se consolida. Esas celdas de los Cartujos no son nada austeras. Son mini-palacios. Debemos situarnos en el momento histórico, pensemos cómo vivían los siervos en los pueblos limítrofes que trabajaban para completar las necesidades de los Monjes Cartujos….Hummmmmm………….

Se aclara un poco el tema al saber que los Monjes debían ser Nobles, luego estaban los Hermanos que eran los que vivían con obligación de trabajo y los Donatos, cartujos sin votos que realizan las labores externas al recinto monacal.

Lo que llaman “Celda” se compone de nueve habitáculos: Celda: “Pequeño eremitorio con planta baja, desván y jardincito” (Fuente: Guía de visita de la Cartuja de Escaladei).

El eremitorio consta de:

1.- Recibidor (vestíbulo con repisa para dejar notas solicitando lo que necesitaba el cartujo)

2.-Sala del Ave María (amplia sala con reclinatorio y una imagen de la Virgen)

3.-Cubiculum (Espacio donde el monje dormía, con chimenea, cama, armario de pared con puerta abatible, que servía de mesa)

4.- Oratorio (Espacio para oración contemplativa y estudio, con mesa para escribir, silla y sillón de coro con reclinatorio y un Cristo)

5.- Lavabo (espacio con una pila para lavamanos)

6.-Porche (Galería porticada con alberca de agua para el riego y necesidades del monje, escaleras para acceder al huerto y al mirador)

7.-Jardín (en su momento con rosales, lirios y azucenas)

8.-Leñera (donde guardaba la leña para la chimenea)

9.- Taller (para trabajos manuales de madera, cerámica, pintura etc.)

En el piso superior está el desván que se usaba como almacén, para tender ropa, habitación de trastos o como mirador.

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También tenemos que tener presente que al cartujo se le suministraba la comida (con vino de la zona ¡! y pan recién hecho…)

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Finalmente, envidiosos mis amigos y yo de que los monjes Cartujos vivieran serenamente rodeados de paz, dedicados a sus pensamientos, sin problemas terrenales, cobijados de guerras y protegidos de sobresaltos, nos imaginamos que si en éstos años de crisis se pudiera tener la posibilidad de profesar como Monje/a Cartujo/a y vivir en esos paradisíacos entornos con las mismas comodidades nos apuntaríamos.

Solo que, sin ser Nobles, tendríamos que buscar un préstamo bancario quizás…

A pesar de ese eterno problema económico, nos situamos en el “pareadito” y representamos los momentos que aquellos mojes vivían cotidianamente.

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Vestimenta abrigada, lana virgen trabajada en telar artesanal, con capucha para protegerse del frío. Cinturón – cilicio y látigo para castigo de pensamientos mundanos.

En el oratorio- estudio la luz adecuada iluminaba uno de los dos libros a que el Cartujo tenía derecho.

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Por una parte, comprobamos que el día del Monje Cartujo podía presentar inconvenientes, el frío y la rutina, la soledad continuada, etc etc.

Pero…. No nos engañemos, si se nos presentara la ocasión a alguno de nosotros, seguro que nos lo pensábamos seriamente.

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El entorno es acogedor y tiene una privacidad envidiable.

Se puede pensar en acompañarnos de un ordenador y seguir escribiendo el blog sin que nos interrumpan…

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